Antes de convertirse en los reyes de la cumbia mexicana, los hermanos Mejía Avante tocaban canciones de rock estadounidense. Su historia incluye una reinvención inesperada y una lección sobre los prejuicios musicales.
En abril de 2018, Los Ángeles Azules aparecieron en el escenario principal de Coachella, el festival californiano donde ese año también se presentarían Beyoncé y Eminem.
La imagen tenía algo extraordinario: una agrupación nacida en las fiestas populares de Iztapalapa llevaba su cumbia romántica a uno de los escaparates musicales más importantes del mundo.
Pero hay algo que probablemente no sabes sobre ellos.
Los Ángeles Azules comenzaron tocando rock.
De Creedence a la cumbia sonidera
La historia comienza en los años setenta, en el barrio de San Lucas, Iztapalapa, Ciudad de México.
Los hermanos Mejía Avante aprendieron a tocar con instrumentos modestos y el apoyo de su madre, Martha Avante, quien fue fundamental para que el proyecto familiar saliera adelante.

En una entrevista con El País, Pepe Mejía recordó que durante sus primeros años interpretaban música de Creedence Clearwater Revival, Grand Funk Railroad y Three Souls in My Mind, la banda mexicana que después se convertiría en El Tri.
Sin embargo, el barrio tenía su propia banda sonora.
Los sonideros, las fiestas callejeras y la cumbia colombiana formaban parte de la vida cotidiana de Iztapalapa. Los hermanos comenzaron a incorporar esos ritmos hasta encontrar el sonido que terminaría identificándolos.
Así nació una propuesta que combinaba la base rítmica de la cumbia con acordeón, percusiones, arreglos melódicos y letras románticas.
En 1976 comenzó a tomar forma Los Ángeles Azules.
La cumbia nunca se fue. El público cambió
Durante los años noventa, canciones como “Entrega de amor”, “Cómo te voy a olvidar”, “El listón de tu pelo” y “17 años” se convirtieron en clásicos de las fiestas mexicanas.
Pero el éxito no fue permanente.
Con el cambio de siglo, la agrupación atravesó una etapa de menor popularidad comercial. Mientras otros géneros dominaban las estaciones de radio, la cumbia de Los Ángeles Azules parecía pertenecer a otra época.
Hasta que ocurrió algo interesante.

En 2013, el Vive Latino, un festival históricamente asociado con el rock y la música alternativa, invitó a Los Ángeles Azules a presentarse.
La decisión provocó resistencia entre algunos seguidores del festival.
Sin embargo, la presentación resultó exitosa y abrió una nueva etapa para el grupo.
Ese mismo año apareció Cómo te voy a olvidar, un álbum de reinterpretaciones producido con la participación de Camilo Lara y Toy Selectah.
El proyecto reunió a Los Ángeles Azules con Saúl Hernández, Carla Morrison, Ximena Sariñana, Lila Downs, Jay de la Cueva, Kinky y otros músicos de escenas muy diferentes.
La cumbia entró en contacto con nuevos públicos sin perder su identidad.

La canción seguía siendo la misma. Lo que cambió fue quién la escuchaba
Ésta es quizá la parte más reveladora de la historia.
Durante décadas, ciertos sectores habían asociado la cumbia con fiestas populares y ambientes alejados de los espacios considerados culturalmente sofisticados.
Pero cuando los mismos temas comenzaron a interpretarse junto a figuras del rock y del pop alternativo, parte de ese público empezó a escucharlos de otra manera.
¿Había cambiado tanto la música? No necesariamente.
Lo que cambió fue el contexto.
Los Ángeles Azules demostraron algo que todavía resulta incómodo para los puristas: una canción no se vuelve mejor porque la escuche una audiencia considerada más prestigiosa.
Su valor musical ya estaba ahí.
De Iztapalapa para el mundo
El 13 de abril de 2018, Los Ángeles Azules debutaron en Coachella y se convirtieron en la primera agrupación de cumbia en presentarse en el festival.
Pero su historia no termina en aquel escenario.
Colaboraciones posteriores con Natalia Lafourcade, Nicki Nicole, Juanes y otros artistas confirmaron que su música podía convivir con distintas generaciones y estilos.
Lo verdaderamente interesante de Los Ángeles Azules no es que hayan conseguido llevar la cumbia a Coachella.
Es que lo hicieron sin abandonar el sonido que habían construido desde Iztapalapa.
El rock fue parte de sus comienzos. La cumbia les dio identidad. Y, décadas después, el público del rock terminó bailando sus canciones.
A veces la música no necesita reinventarse. Necesita que aprendamos a escucharla sin prejuicios.
